Aprendiendo de mi hija

  • Aprendiendo de mi hija

    Aprendiendo de mi hija

    Quizás solo lo entiendan quienes tienen hijos

    Pablo A. Pérez de Celis

    Esta terrible pandemia y las consecuencias indirectas que trae aparejada seguramente la recordaremos el resto de nuestras vidas. Pero, ¿qué recordaremos, solo aquellas cosas malas o tendremos la capacidad de ver lo positivo en la adversidad? Eso dependerá de nosotros. 

    Ver el lado positivo a todas las cosas es una gran capacidad que tienen algunas personas, pero sería bueno que todos podamos desarrollar o fortalecer esta virtud. Sobre todo en esta época de dificultades.  

    Una de las cosas que siempre recordaré, cuando todo esto pase, es el poder disfrutar de tiempo con mi familia, sobre todo charlas con mi hija. Antes de este confinamiento debido a la pandemia, solo podía verla una o dos horas por día, y normalmente eran momentos de cenar y una ardua tarea para que se vaya a dormir. 

    Ayer me pregunto, sí podíamos ver televisión. Estuve a punto de decirle que sí, porque había cumplido con todas las actividades que le habían dado del colegio. Después de empezar a pronunciar, la “s”, antes de termina el monosílabo, me detuve y le pregunté, ¿no te gustaría mejor charlar conmigo? Sinceramente creí que me iba a decir: “Porfi pa” (por si no se entiende es: “Por favor papá”, pero con tono queriendo conseguir lo que quiere). Otra opción era que dijera “esta bien, ¿pero de qué quieres hablar?” y que esta frase fuera con un tono de “Ufa”, “esta bien”, pero que no tuviera las mas mínima ganas de hacerlo. Sorpresivamente con tono alegre, y entusiasmada, me contestó: “Bueno, dale”. 

    Recomendación, para todos los padres, si les pasa esto, dejen cualquier cosa que tengan que hacer, apaguen su celular. Es uno de los momentos más bellos que pueden disfrutar en su vida.

    La charla fue extensa y divertida. En algún momento, la charla nos llevo a contar anécdotas de nuestras vidas. Vino a mi mente, una historia, que nunca le había contado. Cuando ella era más chiquita, yo intentaba que durmiera la siesta, ella no paraba de hablar, de dar vueltas y de jugar. Ya casi iba a ser hora de que terminara la siesta, entonces yo volvía a decirle que tenía que dormir, pero esta vez ya con un tono más serio. En esta ocasión le dije por su nombre completo y no diminutivo, cómo solemos hacer cuando queremos retar a alguien o queremos mostrar seriedad en el asunto, incluso en ocasiones, enojo. 

    Ante mi reacción, la respuesta de ella, muy tranquila,  me explicó que para ella dormir la siesta, e incluso dormir en general, era aburrido. Mi respuesta fue: “Dormir no es divertido, hay que descansar para tener fuerzas para poder hacer las cosas que nos divierten.”

    Ella esperó que terminara de decir esto, y me contesto: “Pá, lo que pasa que para mi dormir es perder el tiempo, con tantas cosas que puedo y quiero hacer”.

    En ese preciso momento que quería “estrangularla”, (Está demás aclarar que solo es una forma de decir, solo estaba perdiendo la paciencia), la estaba por retar subiendo el tono de voz y me vino a la memoria un recuerdo donde yo le decía estas mismas palabras a mi madre. Un día, a altas horas de la noche, mi mamá, me encontró jugando bajo las sábanas a los “autitos”, y me reto diciéndome ¿qué hacía? que era hora dormir!. Yo le contesté que no estaba haciendo ruido y que no molestaba a nadie. Pero en mi mente estaba exactamente ese pensamiento: “Que dormir era aburrido y que perdía el tiempo cuando dormía”.

    Luego de que viniera a mi mente este recuerdo, respire profundo y serenamente le pedí por favor que intentara dormir, la abrace y apenas en unos segundos se quedó dormida. Me levanté sigilosamente para no despertarla, busqué mi teléfono celular y llamé a mi mamá. 

    Mi mamá respondió como suelen responder las madres: “Hola querido, ¿pasó algo?” No era un horario habitual y no soy de hablar mucho por teléfono, supongo que eso la sorprendió, pero también creo que las madres siempre están preocupadas por sus hijos, aunque estos ya tengan su propios hijos. 

    Yo le dije: “Hola Mamita, solo llamaba para pedirte perdón”. Obviamente mi mamá no entendía nada: “Eh. ¿Por?” Y le conté lo sucedido y que recordé que yo le hacia los mismos planteos a ella, y ahí entendí lo que ella pasaba cuando yo le hacia esos planteos. 

    En este momento, mi mamá dejo el tono de preocupación con el que me había atendido el teléfono, y comenzó a reír. Y ella me dijo que su madre le decía, cuando intentaba explicarle algo, que solo la entendería cuando tuviera sus propios hijos. Creo que cualquiera que es padre o madre, debe haberse visto diciendo frases similares a sus hijos que en su momento odiaron escuchar de sus padres.

    Días después, me paso algo parecido y volví a llamar a mi mamá y pedirle disculpas por algo que mi hija hizo o dijo y me recordó lo que yo hacia o decía a mi mamá. No les cuento la anécdota porque no la recuerdo en este momento, tampoco sé si viene al caso. 

    Lo primero para aprender es que por más que tengamos la razón o que estemos convencidos que tenemos la razón, solo poniéndonos en el lugar del otro podemos entender lo que él siente o nos quiere decir.

    Esto tiene que ver con un concepto que nos ayudaría muchísimo en la comunicación con los demás, la empatía. En una discusión, no reaccionaríamos a la defensiva creyendo que se esta cuestionando mi postura, en lugar de defender mi posición, podría comprensivamente escuchar y contestar lo que el otro me esta planteando. La empatía no solo nos ayudaría a una mejor comunicación, sino que nos permitiría saber cómo se siente el otro ante nuestros planteos o actitudes y conociendo como se siente él, quizás cambiamos nuestro accionar. Esto nos llevaría a ser mucho más solidarios y no tan egoístas.

    La segunda enseñanza, solo podemos entender a nuestros padres, cuándo somos padres y pasamos por las mismas experiencias que pasaron ellos con nuestros hijos. 

    La mayoría de las enseñanzas de la vida lamentablemente no pueden transmitirse verbalmente, se debe vivir para poder aprender. Solo la experiencia nos enseña. 

    Creo que Dios, nos habla mediante su palabra, pero no logramos aprender hasta que tenemos experiencias en la vida que nos golpean, sacuden, recién en este momento aprendemos y cuando lo hacemos, recordamos que hubiera sido más fácil seguir sus enseñanzas.

    Ayer leía un comentario bíblico, que decía que éramos creación de Dios, pero que nos creo libres de poder elegir, libres para poder obedecerle y seguía diciendo que solo en la obediencia le damos Gloria a Él.  Me quedé pensando 🤔. (¡Perdón! necesitaba ese emoji). La verdad, este comentario, comenzó a hacer ruido en mi cabeza. Porque venía hablando que habíamos sido creados libres, para estar en comunión con Dios, las demás personas y el resto de la creación. Intentaba entenderlo, pero no lograba en mi limitada mente comprender una comunión donde uno manda y el resto obedece. Eso más que comunión me sonaba más a una sociedad donde alguien dirige y los demás que forman parte de la misma están dispuesto o deben obedecer, para seguir formando parte de ella. Comunión, viene de común unión, según el diccionario de la Real Academia Española:

    Comunión: (Del lat. communĭo, -ōnis).1. f. Participación en lo común. 2. f. Trato familiar, comunicación de unas personas con otras. ~ de la Iglesia, o ~ de los Santos. 1. f. Participación que los fieles tienen y gozan de los bienes espirituales, mutuamente entre sí, como partes y miembros de un mismo cuerpo.

    Todo el día me quede pensando en la obediencia, en los mandamientos de Dios, y porque Dios no hizo libre para que le obedezcamos.

    Esta idea seguía haciendo ruido en mi cabeza, hasta que tuve esa bonita charla con mi hija a la noche. En ese momento comprendí que la obediencia estaba enmarcada en una relación de padre-hijo/a (digo padre, pero podría ser madre).  Cuando uno quiere que su hijo le obedezca no es por beneficio personal, sino para un beneficio del hijo. Como dije, quizás quien no tenga hijos le será difícil de entender esto. Puede imaginarlo, pero no lo vivió no lo experimento. Cuando como padres queremos que nuestros hijos obedezcan es por su propio bien, y aquí discrepo con el comentario bíblico. No creo que Dios quiere que le obedezcamos para gloria del Él, sino para que vivamos en un mundo mucho mejor, para que vivamos en su Reino aquí y ahora. Seguramente eso se transformará en Gloria para Él. Pero el objetivo es nuestro beneficio.

    Siguiendo la analogía, si un hijo es obediente, dando por sentadas que las enseñanzas son buenas (Dios como Padre sus enseñanzas son perfectas para que podamos ser la mejor versión de la humanidad), terminará siendo una excelente persona. Podríamos decir que eso podría enorgullecer al Padre o si fuera una persona, que un hijo sea la mejor versión de la humanidad seguro se dirá que tuvo un excelente padre. En ese sentido podríamos decir que termina en la gloria de Dios, pero no como fin último sino como resultado de lo que importa que es que seamos la mejor versión de la humanidad y eso indefectiblemente lleva que como tales traigamos su Reino a la Tierra, amando al prójimo, viviendo en comunidad, con misericordia y solidaridad por los demás y la creación.

    Me fui a dormir pensando en qué debía buscar en la Biblia un pasaje que hablara sobre Dios como Padre, porque sentía que esa idea me había ayudado a comprender mejor el tema de obedecerlo. Quería estudiar el tema para que no fuera solo un sentimiento. 

    Hoy me desperté, y tenia un mensaje de una prima que vive en el sur, charlamos sobre nuestras vidas, sobre Dios. En un momento, ella me comenta que hacía poco había leído un pasaje que le había hecho muy bien en momentos difíciles. Me recomendó, Proverbios 4.

    Escuchen, hijos, la corrección de un padre;

        dispónganse a adquirir inteligencia.

    Yo les brindo buenas enseñanzas,

        así que no abandonen mi instrucción.

    Cuando yo era pequeño y vivía con mi padre,

        cuando era el niño consentido de mi madre,

    mi padre me instruyó de esta manera:

        «Aférrate de corazón a mis palabras;

        obedece mis mandamientos, y vivirás.

    Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia;

        no olvides mis palabras ni te apartes de ellas.

    No abandones nunca a la sabiduría,

        y ella te protegerá;

        ámala, y ella te cuidará…

    Escucha, hijo mío, acoge mis palabras,

        y los años de tu vida aumentarán.

    Yo te guío por el camino de la sabiduría,

        te dirijo por sendas de rectitud.

    Cuando camines, no encontrarás obstáculos;

        cuando corras, no tropezarás.

    Aférrate a la instrucción, no la dejes escapar;

        cuídala bien, que ella es tu vida.

    No sigas la senda de los perversos

      ni vayas por el camino de los malvados…

    Hijo mío, atiende a mis consejos;

      escucha atentamente lo que digo.

    No pierdas de vista mis palabras;

      guárdalas muy dentro de tu corazón.

    Ellas dan vida a quienes las hallan;

      son la salud del cuerpo.

    Por sobre todas las cosas cuida tu corazón,

       porque de él mana la vida.”

    Más que decir, Amén, y agradecerle a Dios por esta explicación y enseñanza, también agradecer a mi hija, mi mamá y a mi prima por ayudarme a crecer. Todos somos instrumentos de Dios para ayudar a los demás con sus problemas pero también para ayudar a comprenderlo mejor. 

    Cuando le envié este escrito a mi prima para contarle lo que resultó de nuestra conversación, me dio una enseñanza más de todo esto. Me dijo, Dios quiere tener con nosotros ese hermoso tiempo que yo pude compartir con mi hija. Él quiere tener ese momento íntimo donde podamos aprender y disfrutemos juntos, esa experiencia nos cambia el ánimo, y nos ayuda a enfrentar la vida con más fuerzas y con otro punto de vista más positivo. 

    También como mi mamá que con tono preocupada contestó ¿qué pasa?, Dios esta esperando que lo llamemos y siempre preocupado esta esperando ansioso nuestro llamado, el esta siempre disponible y nos espera con los brazos abiertos, incluso cuando no lo busquemos muy seguido o incluso no lo hagamos nunca. Igual, Él siempre esta esperando, ansioso y preocupado, como un padre amoroso. 

    8 de mayo 2020


    1 Empatía: A partir del gr. ἐμπάθεια empátheia. 1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien. 2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

    2 Diccionario de la Real Academia Española

    3 Juan 4:20

    4 Proverbios 4 NVI (Nueva Versión Internacional)