Dios en tiempos de Pandemia

  • Dios en tiempos de Pandemia

    ¿”Creer que se Cree” o “Volver a Creer”?

    Pablo A. Pérez de Celis

    4 de mayo de 2020

    Hoy me llamo la atención una nota publicada por el Diario Clarín, “El librero de la Villa 31: “Desde que empezó la pandemia, lo que más vendo es la Biblia””. El título me llevo a leer el artículo. Más allá de la interesante historia de este librero y la influencia de una librería en la villa más populosa de Argentina, el título contiene lo más interesante del artículo. No obstante, les comparto dos párrafos que sirven para entender el contexto:

    “En épocas de pandemia , el encierro también se siente con fuerza en la Villa 31, donde el coronavirus viene atacando: hasta este miércoles había 13 casos confirmados.

    Por eso, la Biblia se viene vendiendo como pan caliente en la librería de Nadie. Es el libro más leído de toda la villa donde viven unos 40.000 habitantes. Para muchos, la profecía ha llegado y por eso se aferran en la fe de Dios y el Evangelio con el antiguo y el Nuevo Testamento.”1

    Durante la lectura de esta nota, recordé un libro que había leído hace algunos años, “Creer que se cree”, de Gianni Vattimo. Éste filósofo, comenzaba su libro haciendo referencia que el retorno a lo religioso esta principalmente dado por la experiencia de la muerte y la búsqueda de significado o de realización de la vida (pudiendo ser en esta o en otra).

    Vattimo, veía un resurgimiento religioso a partir de la derrota de la razón, (tanto del cientificismo positivista como del marxismo), ante las grandes catástrofes producidas por la misma (Grandes Guerras, Campos de concentración, etc). Desde la caída del comunismo, se vio un resurgir religioso en los países que componían la ex-URSS. Pero sus ideas, podrían haber sido escritas para describir este momento:

    “…en uno y otro caso el problema de Dios se plantea en conexión con el encuentro de un límite, con el darse cuenta de una derrota: creíamos poder realizar la justicia en la tierra, vemos que no es posible, y recurrimos a la esperanza en Dios. Nos amenazó la muerte y como acontecimiento ineludible y huimos de la desesperación dirigiéndonos a Dios, y a su promesa de acogernos en su reino eterno.”2

    Pero esta idea de Dios, cómo un intento de explicar lo desconocido o una solución a los problemas que no podemos resolver, llevado a su máxima expresión en la muerte, quedaría limitada a lo que falta por resolver o descubrir a través de la ciencia.3 Podría llevarnos a ciertos vaivenes entre resurgimientos religiosos y debilitamientos, dependiendo de las etapas que transitamos. En épocas en las que creemos que podemos con todo nos alejaríamos de la búsqueda de Dios y en aquellas en las que nos sentimos indefensos y necesitamos asirnos de algo más fuerte que nos dé sustento, tendríamos un resurgimiento religioso.

    De hecho tanto las vidas individuales como la social funcionan así. Mientras creemos que no necesitamos de Dios, nos olvidamos de Él y es como si no existiera, pero en cuanto surgen las dificultades o no encontramos explicaciones ni soluciones, recurrimos a Dios y resurge la Religión.

    Jesús en el Sermón del monte nos expresa:

    “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece.” Mateo 5:3

    Los creyentes no deberíamos buscar a Dios en época de debilidad, aunque en la práctica, suele ser cuando lo hacemos. Deberíamos buscarlo incluso cuando tenemos grandes logros personales y como sociedad, reconociendo que todo ello viene de Dios, y que si no va acompañado de humildad y de amor al próximo de nada sirve e inevitablemente va a terminar mal, tarde o temprano.

    Tiene que ver con la forma de afrontar la vida, reconociendo la dependencia Dios, que no es otra cosa que vivir con amor al prójimo y a la creación, buscar justicia y actuar con misericordia.

    Ahora en este resurgir religioso o búsqueda de Dios ante las serias dificultades que estamos pasando en esta pandemia, podríamos discutir si la búsqueda es sincera o es como un talismán al cual nos aferramos. Creo que la búsqueda es sincera, pero para que sea real no debe desaparecer en cuanto se desvanezcan las causa que nos llevaron a buscar a Dios. Debería continuar, aun cuando termine la pandemia.

    No solo es una cuestión de permanencia, sino que además esta búsqueda debería transformarse en un cambio vida de aquellas personas que buscamos a Dios. Es decir debería ser transformador para las personas y para la sociedad.

    ¿Qué creen que suceda cuando termine la pandemia? ¿Creen que este resurgimiento religioso se mantendrá o se irá reduciendo paulatinamente, a medida que esta experiencia quede en el pasado y volvamos a vivir de forma “normal”?

    Aunque es imposible saber cómo viviremos después de este hecho sin precedentes en la historia del hombre, podemos imaginarnos por cómo reaccionamos a nivel personal y como sociedad. Determinados hechos nos hacen cambiar nuestra forma de vivir, pero solo temporalmente, a medida que pasa el tiempo y cuando esta experiencia queda cada vez mas lejana, dejamos nuestra nueva vida y tendemos a volver a la anterior.

    Puedo contar una anécdota personal. Luego de terminar internado y con suero por cálculos renales, los médicos me recomendaron tomar como mínimo 2 litros de agua por día. Dicha “experiencia”, por cierto muy dolorosa, me llevo a que por mucho tiempo tomara más de 3 litros de agua por día. Al pasar los años, gradualmente y sin siquiera darme cuenta, fui reduciendo la cantidad de agua ingerida. Hasta que tuve un nuevo episodio. ¿Qué creen que hice por varios años? Si claramente incremente sustancialmente la ingesta de agua. Pero al pasar el tiempo volví a disminuir la cantidad que tomaba por día, de forma gradual e imperceptible.

    Estas experiencias que nos acercan a Dios por temor a la muerte, o ante hechos que no entendemos y necesitamos una explicación que nos dé seguridad, deberían llevarnos a un cambio radical. De otra forma ser “cristiano” se vuelve una herramienta para cuidarse contra eso a lo que tenemos miedo, cuando desaparezca aquello que nos perturbo y nos hizo correr hacia Dios, gradual e imperceptiblemente dejaremos de buscarlo. Cuando digo que es una herramienta, digo que nosotros actuamos según su mandato, vamos a reuniones, ayudamos al prójimo, pero no desde el amor sino desde cumplir nuestra parte para que Dios nos cuide y poder gozar de los beneficios de ser cristiano, como la vida eterna. No es más que un altruismo interesado.

    Es como cuando le prometemos a Dios que si nos da algo vamos a hacer un gesto, una penitencia. Intentamos transformar nuestra relación con Dios en un negocio, donde queremos pagarle a cambio de que nos dé lo que queremos. En este caso es más explícito. Pero el concepto es el mismo cuando pedimos algo y si nos lo concede le pagamos, en el otro pagamos para poder tener asegurado un futuro. (la vida eterna).

    Nada más alejado del Cristianismo, donde el ejemplo a seguir es Cristo, que dio su vida por aquellos que lo rechazamos, sin esperar nada a cambio. Eso es amor al prójimo. ¿Quién mejor que Jesús para explicar el amor al prójimo? En el Evangelio de Lucas 10:25-37, Cristo lo explica con la parábola del buen samaritano. Nos da el ejemplo de una persona que ayuda a otra herida, no conociéndolo e incluso perteneciendo a un grupo que odiaba al pueblo del herido, no obstante, con los riesgos y costos de esa situación, dedicándole tiempo, lo ayuda sin esperar nada a cambio, solo por amor. No había una recompensa posterior.

    Si el cambio produce un encuentro real con Dios, nos transformará y restaurará nuestra relación con el prójimo y con la creación, donde el otro se transforma en mi “hermano”, con quien construyo lazos comunitarios y comienzo a vivir de esta forma por el amor al otro y con una actitud de cuidado y respeto de toda la creación. Solo así esta terrible experiencia nos llevará a un mundo mejor, favoreciendo el restablecimiento del Reino de Dios.

     


    1 “El librero de la Villa 31: “Desde que empezó la pandemia, lo que más vendo es la Biblia””. Diario Clarín, 4/5/20.

    2 Vattimo, Gianni. “Creer que se cree” Buenos Aires, Argentina. 1996. Editorial Paidos.

    3 “Si durante muchos decenios en nuestro siglo las religiones han aparecido, de acuerdo con la idea ilustrada y positivista, como formas de experiencia “residual”, destinadas a a agotarse a medidas que se imponía la formad de vida “moderna”…El hecho es que el “fin de la modernidad” o en todo caso, su crisis, ha traído consigo también la disolución de las principales teorías filosóficas que pensaban haber liquidado la religión: el cientificismo positivista, el historicismo hegeliano y, después, Marxista”. Vattimo, Gianni. “Creer que se cree” Buenos Aires, Argentina. 1996. Editorial Paidos. 21-22