Pandemia, confinamiento y reflexión

  • Pandemia, confinamiento y reflexión

    ¿Quiénes somos? 

    Preguntas en tiempo de confinamiento a causa de la Pandemia

    La vida antes y después de la Pandemia

    Vivimos una Pandemia sin antecedentes

    Hoy el mundo vive una pandemia. ¿Qué es una pandemia? Según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) es: “Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.”

    La Pandemia provocada por el COVID19, tiene una escala como no hay registros, en la historia,  que se haya vivido:

    • La población vive mayoritariamente en ciudades;
    • La evolución de los medios de transporte hace que este virus se haya propagado en menos de 4 meses a todos países del mundo;
    • Tenemos noticias y estamos comunicados con todos los países, incluso mucho más con otros países que con sectores de nuestro país, o peor aun de nuestra ciudad, hasta de nuestros vecinos.
    • La velocidad de contagio parece acorde a la velocidad con la que se mueven nuestras vidas, a los cambios y la evolución de nuestra sociedad. La palabra más adecuada es quizás “vertiginosidad”. 
    • La Pandemia hizo detener de golpe al mundo que no frenaba, no tenia un tiempo para mirase a sí mismo, lo que estaba haciendo y como estaba viviendo. Una cuarentena (Aislamiento Social Obligatorio) casi a nivel mundial lo detuvo. Algo totalmente inédito. 

    ¿Cómo afectó al planeta?

    La Tierra, Bio-esfera, Gaia, u otra denominación, según las distintas visiones, teorías que le dan características fisiológicas o filosóficas-mitológicas, parecería que funciona como un organismo biológico. Como tal tiene un sistema de regulación la homeostasis. 

    Según el Diccionario (RAE), homeostasis es:

    1. f. Biol. Conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo.

    2. f. Autorregulación de la constancia de las propiedades de un sistema influido por agentes exteriores.”

    A efectos de conseguir ese equilibrio, el mundo tiene infinitas formas de autorregularse, tanto contra excesos como contra escasez de sus distintos componentes.

    Algunos de estos sucesos de autorregulación se asemejan, siguiendo con una analogía biológica,  a la fiebre.

    La fiebre es una reacción, por la cual el cuerpo sube la temperatura intentando eliminar un virus o bacteria, que está dañando el organismo. Esta, si bien es una medida de control, es tomada como un síntoma de que hay algo mal en su funcionamiento. Pero si la temperatura sube por demás puede ser perjudicial para la salud. 

    Creo que algunos fenómenos homeostáticos de la Bio-esfera, se parecen mucho a la fiebre de una persona:

    • Son reacciones del organismo ante la presencia de virus o bacterias que lo dañan. Actúa para eliminar o controlar las amenazas;
    • Son síntomas de que algo está funcionando mal en el organismo; y
    • Hay veces que este mecanismo de autorregulación tiene consecuencias adversas.

    Hace años que vemos el problema de la contaminación y poco hacemos al respecto. Es sorprendente el impacto que tuvo sobre esto la paralización de las actividades por el aislamiento social, para prevenir la propagación de la pandemia. Esto se puede observar en las imágenes satelitales antes y post cuarentena en los distintos países.

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    Captura de Pantalla 2020-05-08 a la(s) 13.55.37Argentina: (fuente: Diario Clarin 10/4/20)

    En las últimas décadas, a efectos de resolver el problema del cambio climático, se han realizado infinidad de conferencias e intentos de acuerdos entre los gobiernos a nivel mundial. Y la verdad es que hubo pocos avances, muchas marchas y contra marchas, pero la Bio-Esfera, homeostáticamente se autorregula. Esta “fiebre” controló el problema contundentemente, aunque sea momentáneamente.

    ¿Cómo nos afecta como individuos?

    Constantemente los individuos nos planteamos sobre la falta de tiempo en nuestra vida. Cada vez le dedicamos menos tiempo a la familia, al ocio y otras cosas. Hoy de golpe tenemos tiempo para ello y no sabemos qué hacer. 

    Por otra parte, la necesidad de vivir en comunidad, paradójicamente en una sociedad que cada vez se siente más sola, volvió a estar en los primero lugares de las cosas que valoramos. Aunque suene de perogrullo, las cosas se valoran cuando se las pierde y no cuando se las tiene. 

    No valoramos el agua, la electricidad, o el alimento cuando todos los días por abrir una canilla, accionar un interruptor o comer. Pero si no tuviéramos agua y electricidad por una semana, o más tiempo, si no tuviéramos que comer, lo valoraríamos distinto.

    Claramente el mejor ejemplo es esta cuarentena. Antes de esta situación, ¿quién no dijo alguna vez o pensó que quería quedarse en su casa? Siempre anhelábamos tener un día para quedarnos en casa. Postergábamos cosas por falta de tiempo. 

    Ahora que tenemos que quedarnos en casa, que tenemos tiempo, queremos salir y nos cuesta hacer aquellas cosas pendientes. 

    Esta cuarentena, nos obligó a frenar el ritmo vertiginoso de vida actual. Corríamos para todo, incluso a veces estábamos apurados sin saber cuál era la causa, solo podíamos decir que teníamos mucho qué hacer. 

    Este Vértigo en el que vivimos nos ha hecho perder el eje de lo importante. Postergamos el afecto, no le dedicamos tiempo a nuestros hijos, abuelos, amigos, tomar un café o mates con ellos, compartir tiempo, abrazarlos.

    ¿Cuánto darían por poder abrazar a sus abuelos, a sus padres, a sus hijos si no están juntos ahora? ¿Cuánto necesitan ver a sus amigos? Piensen las veces que postergaron juntarse con ellos por falta de tiempo ¿Se arrepienten en este momento de haberlo postergado?

    El no saber cuándo podremos volver a realizarlo nos hace valorarlo de forma distinta. Es duro de pensar, pero ya sucedió en España y en Italia y nosotros difícilmente estemos exentos, de perder a algún abuelito, o ser querido, que nos quedó pendiente visitar y abrazar.

    Cuando no nos detenemos a revisar cómo vivimos, llega un momento que la “vida”, para nosotros los creyentes “Dios”, te frena, ya sea con una enfermedad, u otros hechos significativos. Estas situaciones, no son provocadas por Dios, sino que nuestro accionar nos lleva a eso. Él lo permite para que reaccionemos y cambiemos nuestro modo de vivir. Deberíamos considerarlo como un llamado de atención. 

    La vida no solo deber ser mirada como individuos, gran parte de nuestros problemas actuales es la mirada individualista que tenemos. Como señalaba al comienzo de este escrito, hoy las mayoría del planeta vive en ciudades. En las ciudades vivimos en sociedad. 

    Dije sociedad y no comunidad porque hay una gran diferencia. En una sociedad las personas se unen para conseguir un objetivo común, pero sigue primando el interés particular y la unión solo se produce para alcanzar el objetivo personal. En una comunidad prima el lazo afectivo entre los que la conforman, donde existe un interés personal por el otro y no solo un interés utilitario.

    A nivel de congregaciones religiosas, hoy nos parecemos mas a sociedades o conjunto de individuos que se reúnen los domingos a escuchar de Dios y cantarle alabanzas.

    Deberíamos pensar y actuar más como comunidad, comenzando por nuestra iglesia, siguiendo por nuestras ciudades y países, hasta lograr que el mundo sea una gran comunidad.

    Hoy, en medio de la cuarentena, buscamos vivir como comunidad más que antes. Actualmente sin poder reunirnos fisicamente, lo hacemos virtualmente por medio de la tecnología. Si algo nos debería enseñar esta pandemia, es que la Iglesia debería buscar reforzar la vida comunitaria.

    El Reino de Dios, se logra en comunidad, “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»” (Mateo 18:20).

    ¿Qué nos define?

    Otra cuestión que nos planteó esta cuarentena, fue volver compartir tiempo con nuestras familias. Acostumbrados a pasar más tiempo en la escuela o el trabajo que en nuestras casas, convivir todo el tiempo nos lleva a compartir y vivir en familia cosas que muchos estábamos desacostumbrados. El encierro exacerba todos los sentimientos, tanto los buenos y los malos. Y debemos convivir, desacostumbrados con eso, de una forma mucho más intensa.

    A nivel personal nos lleva a encontrarnos con nosotros mismos. ¿Quienes somos? 

    Si te pregunto ¿quién sos? ¿Cuál seria tu respuesta? ¿Tu nombre? ¿Tu profesión? ¿Lo que haces en tu trabajo? 

    ¿Crees que eso te define? ¿Somos eso o somos más que eso?

    Salvo que tratemos de llenar el tiempo, con series o videos de las redes sociales, entreteniéndonos, terminaremos encontrándonos con nosotros mismos. Nos plantearemos las preguntas fundamentales de la vida ¿Quién Soy? ¿Cuál es mi propósito? ¿Qué me paso desde donde yo quería ser y dónde estoy?

    Todos teníamos objetivos o ideales acerca de qué queríamos ser cuando fuéramos grandes. En la Iglesia también teníamos planes, una misión. En este momento de reflexión, podrán interpelarnos preguntas:

    • A nivel individual:
      • ¿Qué me pasó como individuo?  
      • ¿Estoy dónde me imaginé de pequeño?
      • ¿La vida me llevó por otro camino? ¿o solo perdí el rumbo? ¿o ni siquiera me estoy esforzando?
    • A nivel de iglesia:
      • ¿Qué nos pasó como comunidad?
      • ¿Estamos cumpliendo con la misión que Dios tiene para nosotros o estamos, “cumpliendo” con tiempos asignados para participar de reuniones de la Iglesia?
      • ¿Somos sal y luz en este mundo lleno de tinieblas?
      • ¿Somos contracultura o somos parte de la misma?

    Volviendo a reflexionar sobre quienes somos, ¿nuestra profesión o trabajo nos define? Si no logro ser más que mi trabajo, en este momento que muchos no pueden trabajar, o incluso olvidémonos de esta situación momentánea, y pensemos que sucede si perdemos nuestro trabajo, ¿perderíamos nuestra identidad? Nos sentiríamos perdidos, viviríamos una crisis existencial. Tal vez muchos estén pasando por esa situación en este momento.

    El trabajo es una parte importante de la vida, y uno se desarrolla en el mismo y se puede realizar, pero creo que somos mucho más que lo que hacemos en el trabajo. Nos define mucho más la forma en que hacemos lo que hacemos. 

    Por ejemplo, los médicos, hoy son algunos de los héroes de esta pandemia que luchan y ven lo peor de la misma. Pero si los definiera ser médicos serían todos iguales, lo que los define es cómo viven la profesión cada uno de ellos. Cada uno es lo que hace, pero por cómo lo hace, no importa si hace un trabajo u otro lo define la forma en que lo hace, la forma en que se relaciona con las demás personas. 

    Que esta experiencia,  nos enseñe algo

    Cuando haya pasado un tiempo, y recordemos desde la distancia, esta tremenda experiencia, ojalá podamos decir que, a pesar de todo lo terrible que vivimos, por lo menos cambiamos para bien, a nivel personal, reencontrándonos con nosotros mismos, con nuestras familias, valorando lo que realmente importa, que son las personas. A nivel religioso, focalizar la Iglesia en la vida en comunidad y que tenga un impacto de cambio en la sociedad y el mundo, hasta en su aspecto ecológico. A nivel ecológico aprender que los abusos traen consecuencias y que si no cambiamos gradualmente nuestro accionar va a cambiar drásticamente de golpe por causas que ajenas a nosotros.

    Mi preocupación más alla de lo que nos sucede hoy, es que, cuando haya pasado el tiempo nos olvidemos lo que valorábamos porque no lo teníamos y nuevamente estemos pensando en cosas que realmente no tienen la importancia que le damos y que nos causan angustia y ansiedad cuando no tendrían porque ni siquiera robarnos una pequeña parte de nuestro tiempo para pensar en ello. 

     

    Acerca del autor

    Pablo A. Pérez de Celis obtuvo su título de Licenciado en Ciencia Política, en la Universidad Católica de Córdoba, se ha desempeñado en los distintos poderes del Estado, a nivel, local, provincial (estadual) y nacional, tanto en el Poder Judicial, como en el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo. Nació Villa María, una ciudad mediana, provincia de Córdoba, pero se graduó y comenzó su vida laboral en la Ciudad de Córdoba la segunda ciudad del país. Actualmente vive y trabaja en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la capital del país.  Miembro de Comunidad y Cambio Asociación Civil.